FechaDiciembre 9, 2022

Hacía el sol bajo la arenilla mojada, nuestros pies se recogen con la marea y todas juntas vamos sincronizadas oyendo el…

Hacía el sol bajo la arenilla mojada, nuestros pies se recogen con la marea y todas juntas vamos sincronizadas oyendo el...

Hacía el sol bajo la arenilla mojada, nuestros pies se recogen con la marea y todas juntas vamos sincronizadas oyendo el agua quebrarse en nuestros tarzos.

Y desde entonces he sido todas las gaviotas de mis piernas conectadas al oleaje de mi cuerpo, donde debajo de las macro algas me conecto a los momentos.

Incrustada en la sal marina, adherida cómo basalto volcánico en las rocas, con ojos de playeros blancos que corren rápido por toda la orilla.

Desde el mar había venido como otro cuerpo arrastrado por la marea violenta, de nubes mañaneras llenas de vaguada costera que de perfuma los poros de mi piel.

Cambiando el plumaje con las estaciones y mimetizandome con el pelillo de la playa, allá esa mañana estuvo yo con mi cuerpo unido a la bahía, ya no he evitado bajar.

Necesitando la luz y sus cuerpos estirarse, volar encima de mi con sombras que pasan por mi rostro, fundida de colores que cambian y se apagan a cada momento.

Allí estaba siendo parte de toda este oleaje, lleno de huracanes y mamíferos que cazan anchovetas y pelicanos que se lanzan en picada.

Los changos del norte gritan a través del viento y aclaman la tierra de sus tribus, desean desde el oceano profundo que el cielo se convierta en fuego y las olas se alcen!

He muerto y nacido todos los días viendo la metamorfosis de mi mismx reflejado en el espejo oceánico.

Esta imagen fue enviada por uno de nuestros voluntarios a través de instagram y puedes verla en https://www.instagram.com/p/CbdbZFRJVga

https://www.instagram.com/p/CbdbZFRJVga

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